COJÍN TERAPÉUTICO DE TRIGO Y LAVANDA

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El saco de trigo y espliego puede usarse tanto en FRÍO como en CALOR.

Para utilizar en frío meter el saco dentro de una bolsa hermética durante 3 HORAS EN EL CONGELADOR.

Para su uso en caliente: calentar el saco en MICROONDAS 3 MINUTOS A 700 W (temperatura máxima), EN EL HORNO 10 MINUTOS A 100 GRADOS (temperatura máxima) o también, si tenemos calefacción, podemos optar por dejarlo encima del radiador y se calentará solo.

Para prolongar la vida de nuestro cojín y conservar sus propiedades, cada 4 ó 5 veces que lo usemos en caliente lo dejaremos un día en el congelador de manera que evitemos que el trigo se nos pique.

Debemos evitar sobrecalentar los sacos excesivamente. Si se cuece el trigo, pierde su propiedad de almacenar calor.

USOS RECOMENDADOS EN CALIENTE:
ARTRITIS
DOLOR DE ESPALDA
CÓLICOS
DOLOR DE OÍDO
TENDINITIS
SINUSITIS
TENSIÓN DE CUELLO
DOLOR CERVICAL
RECUPERACIÓN DE UN ESGUINCE
DOLOR MENSTRUAL
MASTITIS
USOS RECOMENDADOS EN FRÍO:
JAQUECA
STRESS
INICIO DEL ESGUINCE
DOLOR DE MUELAS
HEMATOMAS, MORADOS
PICADAS DE INSECTO
QUEMADURAS
VARICES
SÍNDROME DEL TÚNEL CARPIANO
OJOS HINCHADOS
EFECTOS DE TRASNOCHAR

Hipérico, la hierba mágica

La palabra hipérico deriva del griego hyper, “sobre”, y eikon, “imagen”. Significa, ni más ni menos, que esta hierba, por sus propiedades, está por encima de todo lo imaginable.

Efectivamente, desde la más remota antigüedad, el hipérico era considerado una hierba mágica. Los egipcios, los griegos y los romanos lo utilizaban para sanar muchísimas de sus dolencias, al igual que los americanos precolombinos. Su fama perduró, intacta, hasta la Edad Media, época en la que muy gráficamente se lo conocía como “tout sain” o “curalotodo”.

Hoy los estudios científicos más rigurosos, lejos de destruir el mito, lo reafirman, ya que se sabe que, además de ser un auxiliar inestimable en casos de depresión, también ayuda a pacientes con sida, cáncer, asma, úlceras e incluso dolores menstruales o picaduras de víboras e insectos, dolores musculares y quemaduras.

Los nombres comunes de esta planta son:
Hipérico, hipericón, hierba de San Juan, corazoncillo.

Su composición química consta de :

aceites esenciales, resinas, flavonoides (rutina, quercitina, hiperósido), taninos, flobafeno y ródano. El componente más importante es la hipericina, llamada también rojo de hipérico.

Actualmente se han efectuado más de 30 estudios sobre el efecto del hipérico en pacientes depresivos, y en todos ellos los resultados son coincidentes. Por ejemplo, en la Universidad Ludwig Maximilians de Munich, en 1996 se investigó el efecto beneficioso de la hierba sobre 1757 personas.

Es digno de subrayar que el hipérico carece de las consecuencias negativas de otros psicofármacos: no es tóxico, no causa somnolencia ni se potencia con el alcohol. Tampoco interfiere con el sueño o con la actividad intelectual. Por el contrario, el hipérico mejora la calidad del sueño aún en personas previamente sanas, normaliza el período en el que soñamos.

Fuera de ser un detalle secundario, es fundamental en el caso de cuadros depresivos la continuación natural de la actividad onírica, ya que los sueños son una elaboración creativa del subconsciente, necesarios para nuestro equilibrio psíquico. Por ese motivo los psicofármacos tradicionales empobrecen la personalidad cuando se toman en forma prolongada, postergan la resolución de los conflictos y de esa forma favorecen las recaídas cuando se deja el medicamento.

También se comprobó que el hipérico mejora la memoria, la concentración, el aprendizaje y el tiempo de respuesta.

LOS MIL USOS DE LA HIERBA “CURALOTODO”
Debido a que el hipérico contiene diez grupos diferentes de sustancias activas no sólo actúa sobre el cerebro sino también en forma integral sobre el resto del organismo. Pasemos a detallar, entonces, todos los beneficios que esta hierba tiene sobre la salud:

Acción antiviral:
Estimula el sistema defensivo. También es activo contra hongos, virus y bacterias.
En EEUU y Japón se ha administrado con buenos resultados a pacientes con sida.

Acción Antitumoral:
Se han registrado buenos resultados en pacientes con cáncer y leucemia.

Sistema Digestivo:
Descongestiona el hígado, calma el ardor del estómago, es útil para gastritis, úlceras y diarreas. También para cálculos en la vesícula.

Sistema Respiratorio:
Se utiliza en casos de asma, bronquitis, fiebres y resfríos.

Tracto Genitourinario:
Es diurético, por esta razón y porque alivia el dolor, se usa para contrarrestar dolores de ciática. También para curar la incontinencia de orina en niños y adolescentes. Alivia las menstruaciones dolorosas.

Sedante y Analgésico:
Útil en caso de jaquecas y distintos tipos de dolores.

Antiinflamatorio: Contracturas musculares, dolor o tensión muscular.

Uso externo:
Se aplica con éxito en ulceraciones, llagas, herpes, quemaduras, contracturas musculares, heridas y talones agrietados. Ha demostrado ser útil en cáncer de piel y en manchas de enfermos de sida. También para picaduras y mordeduras de serpientes. Para estos fines se utiliza el aceite de hipérico con una gasa o algodón que se aplica en el sitio afectado o en forma de ungüento. También se puede usar una infusión recargada a razón de dos cucharaditas de té por taza; en compresas o lavajes.

Advertencia: 
Con grandes ingestas, el hipérico aumenta la sensibilidad a la luz solar. Por lo tanto conviene no exponerse al sol directo mientras se esté tomando el medicamento, sobre todo las personas de piel blanca y sensible.

El hipérico, por lo tanto, nunca debe faltar en su casa. No vacile en probarlo cuando se presente la ocasión. Comprobará que los antiguos no exageraban en calificarlo como hierba “mágica”. Por experiencia propia confirmó todo lo que se ha dicho que ella, después de probarla no cabe duda alguna. El ungüento que fabrico está compuesto en su gran parte de hipérico, y dadas a sus potentes propiedades, reducido con una maceración de clavo (anestésico) canela (calor) y romero (antiséptico y estimulante para la circulación) que complementan a su vez dichas propiedades.

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¿Qué es un Mandala?

La palabra mandala es de origen sánscrito y significa círculo o centro, otros lo denominan círculo sagrado o círculo mágico.

Los mandalas están en la raíz auténtica de todas las culturas, ya que las palabras centro o punto son un denominador común a todas ellas. El mandala no es exclusivo de las culturas tibetanas o hindúes, ya se encontraban indicios de ellos en culturas como la de los asirios babilónicos, entre los navajos, los aztecas, en varias iglesias y catedrales de todos los tiempos.

Incluso Jung observó que imágenes similares aparecían en los sueños de las personas, personas que ignoraban la existencia de los mandalas, de ahí la idea de utilizar el mandala como herramienta del psicoterapeuta.

El centro humano es el ombligo, el cual representa el nexo umbilical con la matriz astral, aunque el cordón físico haya dejado de existir.

El eje de la rueda es el agujero que simboliza el universo. La cruz celta de brazos con la misma longitud, representa el nuevo ciclo espiritual siempre en continuo crecimiento.

Todos estos símbolos puede ser considerados como un mandala, y cada uno representa una interpretación particular del centro. Lo inexpresable que es el todo tiene su noción esencial en la unidad, que es la ínfima parte de ese todo.

El símbolo más antiguos, que deja su significado a la imaginación de cada uno, es el círculo. Definido como un punto inmaterial que sirve de centro a la rotación inmutable, como ejemplo de su grandiosa panorámica tenemos los astros y el sistema solar.

El círculo nos trae a la mente la idea de unidad y de eternidad en una profunda armonía, es el concepto que no tiene ni principio ni fin, que envuelve y que contiene es representado por la serpiente que se muerde la cola.

Tradicionalmente el mandala es circular pero no tiene porque ser así. El mandala debe contener una representación simbólica en forma visual sobre el todo o una parte del mismo.

El significado de su simbolismo ritual en el círculo se estira como hilo conductor a través de todos los tiempos en que el ser humano está sobre la faz de la tierra.

En cada mandala podemos ver una simbología con dos caras, que asocia el aspecto de la conciencia cósmica con la de un ser humano.

Todo mandala crece de un centro y de ahí que sea el denominador común de todos los mandalas.

En la antigüedad se vivía en consonancia y con integración plena con la naturaleza. La vida de las personas se organizaba de acuerdo con los ciclos cósmicos en general y con los de la tierra en particular. De ahí que en esa época se adoptara el círculo como simbolismos de la conciencia, de la muerte, de la vida y del renacer de la persona.

El trabajo con los mandalas debe ser una meditación activa dirigida para el crecimiento personal y el desarrollo espiritual. Podemos recuperar el equilibrio creando mandalas y concentrándonos en ellos. Puede servir estas meditaciones como medio para ver las cosas con más claridad y objetividad.

Concentrase en un mandala nos hace establecer una comunicación directa con la profunda sabiduría y nos permite celebrar la vida misma dentro del ser, y permitirnos un mayor desarrollo de la personalidad.

Cada mandala clásico tiene un mantra en forma de contenido y de formulación sagrada. El mantra es el alma del mandala.

Son tres principios su base de organización: el punto central, la irradiación de ese punto y el límite exterior circular.

– El punto central es un centro de energía, lugar que es el origen de toda existencia en el espacio y en el tiempo. Por otro lado también puede significar la unidad, la totalidad y la perfección. El círculo y la esfera nacen en él y no tiene representación dimensional ni lugar en el espacio. Es el origen y el final de todos los senderos posibles y representa la existencia individual y su espiritualidad. Es el corazón del cosmos, la energía que proviene del vacío y del silencio, y es ahí donde reside lo divino, lo invisible y lo metafísico, símbolo de la unidad misma.

– La irradiación desde el centro se desplaza de forma centrífuga hasta la periferia exterior para reunir de nuevo la esencia del centro.

– El límite exterior representa lo infinito y lo absoluto, por esta razón el mandala se ha considerado siempre como símbolo de lo divino.

Es el modelo perfecto que representa el microcosmos y el macrocosmos. También representa la creación del mundo.

Definimos un mandala como un cosmograma que representa al universo mismo y en el cual estamos también nosotros. La arquitectura de un mandala actúa sobre nuestro psiquismo, el centro nos unifica y el exterior nos equilibra.

Nuestra mirada es atraída al centro del mandala, esta atracción nos lleva a la unidad misma, hacia lo divino, es decir nos lleva a nuestro interior.

Dos puntos importantes se unifican: la inmovilidad del centro y la armonía en la periferia.

“Cuando hay UNIDAD, no hay sufrimiento ni conflictos, porque los conflictos sólo existen donde hay más de uno”.                                                                        Proverbio Tibetano